Los finales de nuestra vida

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Todo lo que vemos y tenemos algún día se va a terminar.

Todo.

Los momentos felices, las relaciones, nuestra juventud… o nosotros mismos.

Vamos a vivir atravesando finales.

Vamos a ver irse oportunidades, amores y personas.

Y otras veces nos iremos nosotros.

Pero así como todo lo bueno tiene un fin, también lo tiene todo lo que hoy nos hace mal.

Eso que nos preocupa, que nos hace sufrir o no nos deja dormir. Ese dolor, tarde o temprano también va a pasar.

Es loco el tiempo.

Nunca nos da tanto como queremos, y nunca pasa más lento como cuando necesitamos pasar página.

Pero el tiempo es la cura más infalible que existe.

Aunque a veces tercamente no queramos, nada diluye tanto el dolor y la bronca.

El tiempo nos marca el único límite que jamás podremos romper.

Es el marco de la hoja que será nuestra vida.

Ahí adentro existe todo.

La alegría, la tristeza, la felicidad, el amor, el desamor.

Todas cosas efímeras.

Como nosotros.

Es muy injusto vivir esperando resultados.

Posponiendo la felicidad hasta el día que terminemos una carrera, lleguemos a un cargo, tengamos tal numerito en la cuenta del banco, que llegue un viaje…

Sí, sin dudas esos momentos serán únicos.

Pero no por sí mismos, sino por todo lo que hayamos debido atravesar para llegar hasta ahí.

Los finales no son todo.

No vamos a un recital esperando que se termine.

No elegimos un plato por cuán rápido podamos comerlo.

No vivimos esperando morirnos.

Es el hecho de saber que ese recital, esa comida o esa vida tienen un final lo que nos hace disfrutarlas.

Vamos a vivir finales de todo tipo: crudos, fríos, felices, injustos, inentendibles, sorpresivos, anunciados.

Finales que traerán angustia, o desahogo, o liberación, pero siempre crecimiento.

Muchos de esos no serán los que queramos.

Y no le harán justicia a esas historias.

Pero ahí está entonces la más importante de nuestras tareas: crearles las historias que mejor nos hagan.

Porque aunque todo tenga un límite, no existe nada que nos limite a no utilizar un final como el principio de una nueva historia.

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